Cuando los padres se pelean, la vida de los hijos se derrumba

Los hijos están hechos de dos células fundamentales: la de papá y mamá. Es entonces una necesidad vital de los hijos poder tener a ambos progenitores, tanto en su corazón, como en su vida. Cuando ambos padres pelean, los hijos sienten dividido el corazón. Jalonados entre uno u otro, comienzan a fragmentarse en sí mismos. Por este motivo es fundamental hablar de esta realidad.

La lealtad

El ser humano, al ser uno de los animales que nace más indefenso, necesita necesariamente un grupo que lo sostenga para sobrevivir.

Instintivamente, trata de hacer todo lo que esté en sus manos para pertenecer a este grupo. Este, es una respuesta ancestral, y animal, especialmente de cuando éramos tribu. Así, también el ser humano actualmente guarda lealtad a sus progenitores.

La lealtad consciente

Generalmente los menores viven y conviven más con uno de los padres. Su lealtad consciente será para esta persona, pues quien estará más a cargo de sus necesidades, y de quien se sentirá afianzado, sujeto, y seguro que le proveerá su supervivencia. Hará todo lo que le diga esta persona, y tratará de apegarse a sus reglas. Su discurso verbal se parecerá a este progenitor.

La lealtad invisible

Los hijos tienen la necesidad de pertenecer a ambos padres, puesto que ambos son quienes le pasaron la vida. Ante esta necesidad, automáticamente serán leales inconscientemente a aquel padre con el que no viven. Esto quiere decir que, aunque conscientemente traten de obedecer con el que conviven más tiempo, se parecerán y comportarán sin darse cuenta al otro progenitor, para también asegurar su pertenencia.

Obviamente esto traerá dificultad para los padres en su convivencia con los hijos, puesto que, si no resolvieron su relación de pareja, difícilmente aceptarán estas características en su progenie. Y así, la pelea de la pareja, pasa también a ser una pugna contra los hijos, contra aquello en lo que se parecen de su expareja que no toleran.

El anhelo del corazón y de la integración

Los hijos aman profundamente a sus padres, cuando son menores incluso están dispuestos a dar la vida por ellos. Su único anhelo es ser amados de regreso. Poder sentir que está bien existir, ser como son, y que ambos padres le amen.

Los hijos también anhelan ver a sus padres juntos. Es como si su realidad material de su existencia pudiera ser confirmada por el amor entre la pareja que les dio vida. Siempre desearán también que ambos estén presentes en sus momentos importantes, sin que eso implique tensión, o incluso, conflictos.

La pugna explícita

Los padres, muchas veces tienen peleas totalmente expuestas ante los ojos de los hijos.Esto sucede ya sea porque lo discuten frente a los hijos, y/o ya sea porque regañan a los hijos criticando al otro progenitor respecto a un tema específico.

Por ejemplo, si cuando los hijos van a casa de su papá y él critica la manera de alimentarlos de la mamá, se convierte en un tema expuesto, donde claramente hay un conflicto. Los niños tendrán que aprender a comer de ambas maneras para poder sobrellevar la convivencia con ambos. Sin embargo, si tienen que elegir en su estilo y gusto, es altamente probable que elijan el estilo de con quien viven, con quien más pasen tiempo, y donde más veces coman, ya que esos son sus hábitos, y eso es lo que necesitan acostumbrarse a comer para sobrevivir.

La pugna subrepticia

Hay otros temas que no son explícitamente un conflicto, sino que son rechazos silenciosos, pero que están ahí. Por ejemplo, frases de un progenitor que en la boca de los hijos le recuerda momentos dolorosos de cuando eran pareja.

Otra realidad es que su parecido físico puede generar incomodidad. Incluso actividades que realicen en los días de convivencia con el otro progenitor, puede provocar gestos físicos de rechazo que se perciben en el lenguaje corporal.

El niño atrapado

Ante esta realidad, es sumamente complicado para un niño poder crecer de manera sana. Siempre se verá en un callejón sin salida, al tener que elegir a quién obedecer. Se sentirá agotado al cuestionarse constantemente qué comportamiento debe tener para que sus padres le amen. Este tipo de tensión entre los padres suele tener repercusiones severas en los menores. Generalmente ocasionan una ansiedad severa que puede derivar en diferentes síntomas tales como:

Insomnio

No pueden descansar, no pueden soltar su cuerpo con confianza, puesto que se viven constantemente en una sensación de peligro. Un temor constante de que en algún momento alguno de los padres o ambos lo abandonará.

Comerse las uñas

Al no poder defenderse, generalmente la molestia que pudieran estar sintiendo sólo podrán expresarla de manera poco adecuada, como por ejemplo, comiéndose las uñas.

Enuresis

Al tener cambios de espacios en la convivencia con ambos padres, tendrá necesidad de marcar su territorio a través de la orina. Otra posible situación es que al tener que autocontrolarse en otros aspectos, expresen tensión en este síntoma.

Miedo a la oscuridad

Al no poder confiar en sus padres, puesto que en cualquier momento alguno o ambos puede rechazarle, es difícil que se sienta seguro y protegido. Por lo tanto, el miedo natural a la oscuridad se verá exacerbado.

Peleas fuertes entre hermanos

A veces la pugna entre los padres se verá también expresada en los hermanos. No necesariamente en los temas de los padres. La lealtad de cada uno de los hijos se verá enfrentada a la lealtad posiblemente contraria de algún hermano.

Adicciones

Es tanto el dolor, que es altamente probable que busquen una fuga a través de las adicciones. Los menores, suelen encontrarlas en videojuegos, comida, incluso en el estudio. Cuando son adolescentes suelen caer en el cigarro, alcohol e incluso drogas.

La separación de la parentalidad con la pareja para la salud de los hijos

Es fundamental que ante una separación y divorcio, puedan siempre separar la relación de pareja a la relación de padres. Un niño no necesita fundamentalmente que los padres sean pareja ante todo. Los hijos necesitan tener la libertad de acudir a ambos, de parecerse a ambos, de amar a ambos, y de sentir el amor de ambos.

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