TRUCOS PARA QUE LOS NIÑOS SE ADAPTEN AL CAMBIO DE HORA

Dos veces al año tenemos una cita con nuestros relojes y debemos adelantar o retrasar las agujas del reloj. Uno de esos cambios se producirá la madrugada del sábado 26 de octubre al domingo 27 de octubre.

En esta ocasión el cambio de hora se realizará para adaptarnos al horario de invierno, por lo que a las 3 de la madrugada volverán a ser las 2.

Tal y como señalan desde DKV, este hecho “puede influir negativamente en el bienestar de las personas más sensibles. En la unidad familiar, no solo los padres lo pueden notar, también sus hijos, tanto los jóvenes como los bebés pueden padecer las consecuencias del cambio de hora”, advierten.

Para entenderlo explican que el cuerpo humano dispone de un horario biológico que se encuentra en el centro del cerebro y que se ajusta con los cambios de luz solar y algunos estímulos del entorno relacionados con la rutina y la alimentación. “Este reloj interno regula un ciclo diario que afecta a los niveles de las hormonas y a todo el cuerpo, por lo que, cuando cambia el ritmo de la luz externa o el ritmo de las tareas, puede desorientarse en el tiempo. Es un fenómeno parecido al jet lag”, añaden.

¿Qué ocurre en los niños?
El cambio de hora afecta a todas las personas y en el caso de los niños puede generar alteraciones en la vigilia del sueño. Esto implica que sea más difícil de lo habitual conciliar el sueño y que estén más somnolientos por la mañana.

Las consecuencias negativas de esa somnolencia son un bajo rendimiento en las tareas del día que se traducen en problemas de atención, irritabilidad, mal humor, menor tolerancia a la frustración, cansancio y desánimo (especialmente las primeras horas del día), aunque esto se magnificará más o menos dependiendo del carácter del niño.

Para conocer y prevenir en la medida de lo posible estas alteraciones consecuencia del cambio horario, podemos aplicar algunas medidas, tal y como indica también la Asociación Española de Pediatría:

Preparar a los niños días antes realizando un adelanto gradual a la hora de despertase y del resto de horarios del día, idealmente unos quince minutos cada día desde cuatro días antes. Así los días previos se irá adaptando hasta llegar al día del cambio de hora.

Cambiar paulatinamente los horarios de sus comidas y siestas desde los días previos al cambio de horario.

Hacer que las siestas sean una prioridad, lo que asegurará que el niño esté descansado y permitirá que la transición sea más gradual.

Evitar la exposición a pantallas desde una hora antes de acostarse.

Si el niño toma medicamentos de forma crónica, también se debería ajustar la medicación 15 minutos durante los cuatro días previos al cambio de hora.

Por otro lado, debemos insistir en que los niños sean conscientes de los cambios y los vayan integrando – si ya están en la edad apropiada para ello – por lo que es importante explicarles la medición del tiempo, cómo va a cambiar la hora y por qué.

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